This is default featured slide 1 title

Go to Blogger edit html and find these sentences.Now replace these sentences with your own descriptions.

This is default featured slide 2 title

Go to Blogger edit html and find these sentences.Now replace these sentences with your own descriptions.

This is default featured slide 3 title

Go to Blogger edit html and find these sentences.Now replace these sentences with your own descriptions.

This is default featured slide 4 title

Go to Blogger edit html and find these sentences.Now replace these sentences with your own descriptions.

This is default featured slide 5 title

Go to Blogger edit html and find these sentences.Now replace these sentences with your own descriptions.

viernes, 28 de marzo de 2014

Ciudades sin árboles

Muchos conglomerados urbanos de la Argentina desarrollaron entre fin del siglo XIX y principios del XX grandes obras de infraestructura, de urbanismo y de arquitectura, que parecían orientadas a posicionarlos entre las grandes del mundo desarrollado. Rosario, Córdoba, La Plata, la extraordinaria Mar del Plata, la provincia de Buenos Aires con los Puertos de Ensenada, Quequén, Dock Sud, y Puerto Madero; las grandes líneas de ferrocarriles interprovinciales. En todas esas ciudades aparecían los edificios públicos, los hospitales, las grandes avenidas, los parques públicos, los monumentos...

En ese contexto de ejecución de grandes obras como excluyente manifestación real de país desarrollado, los urbanistas calificaban el tejido utilizando la estructura circulatoria en todas sus escalas: el pasaje, la calle, el bulevar, la avenida, la ruta. Esa variedad de tejidos estructuraban las ciudades con la premisa funcional básica de “conectar”. Sin embargo, consideraban su calidad arquitectónica y espacial entendiendo la “calle” como espacio de diseño. Entendían también su complementaria finalidad social y cultural, de espacio compartido para las actividades comunitarias, de lugar de juego y de encuentro en la vereda de todos los frentistas, de espacio cívico e institucional.

En esas calles y avenidas aparecía, infalible, el árbol de la vereda. El que proporcionaba el reparo de su sombra y la magnificencia de su escala urbana por tamaño, por repetición, por forma, por su aporte a la continuidad y a la homogeneidad de los recorridos, por el impacto imprevisto y sorpresivo de sus variados perfumes y colores: lilas, amarillos, celestes, rosas y fucsias formaban parte de la estética de las calles.

Las calles y avenidas arboladas eran una imagen característica de las ciudades argentinas y de sus centros urbanos que, parece, hemos ido olvidando, aunque hace poco tiempo estaban allí.

Nuestros recuerdos de los barrios populares con las casas de puertas abiertas, niños jugando y sillas en las veredas, incluyen al árbol y su sombra. Los recuerdos de barrios del Centro, con sus bares de ventanas bajas y sus edificios públicos, incluyen las alineaciones monumentales de majestuosos ejemplares dando escala al espacio público. Tenemos frescos los recuerdos de la 9 de Julio que asombraba a los extranjeros con los cientos de palos borrachos en flor, hasta que se los fue llevando la falta de cuidado y el progreso. La avenida Cabildo/Santa Fe tenía hasta no hace tanto alineaciones interminables de jacarandás que dos veces por año tapizaban el piso de flores celestes. Las hileras de casuarinas a los costados de las rutas, el impresionante amarillo rabioso de los fresnos jóvenes, la escala monumental de los plátanos, el perfume embriagante de los tilos, en fin, podría mencionar cientos de hermosas calles que recuerdo arboladas y que hoy veo desiertas, con algunos pocos ejemplares apresados en canteros diminutos, mutilados, ahogados con sogas de pasacalles, enfermos, podados.

Quedan aún en algunos barrios raleadas alineaciones de viejos ejemplares lastimados para quien sea capaz de reconstruir imaginariamente su infancia de calles de sombra y de gigantescas fogatas de San Pedro y San Pablo, que se alimentaban de la poda anual de la Municipalidad de Buenos Aires (a nadie se le ocurría entonces podar por su cuenta el árbol de la vereda) El árbol se volvió impopular. Los comerciantes los extraen sin piedad de sus frentes, los programas de arbolado luchan con la falta de cuidado, riego y mantenimiento sanitario, los desarrolladores piensan en gastar poca plata y basta con ver muchos barrios privados de enormes y lujosas casas, sin arbolado ni en calles ni en jardines. Los arboles ensucian, rompen las veredas, tapan los caños, sirven para que los ladrones entren en nuestras casas. Expresiones populares que se escuchan contra ellos. Nadie los defiende.

De la mano de otras pérdidas también dolorosas como el interés por la poesía, la costumbre de socializar en la vereda, la alegría de ver a los chicos jugando en la calle, la costumbre de saludar a la gente que pasa, la pérdida de la capacidad de reconocer el canto de los distintos pájaros que habitaban nuestros barrios, y otras tantas... la pérdida de la popularidad del árbol es una más de las demostraciones de que nuestra sociedad se está volviendo peligrosamente ignorante y autodestructiva.

Las explicaciones pueden ser muchas. Seguramente algunas tendrán sentido y muchas, no.

Será como tantas cosas. Nadie se ocupó de mantenerlos, defenderlos, curarlos, replantarlos, evitar que los poden salvajemente, recordar a los demás los beneficios de su existencia, hacerles propaganda positiva.

Lo cierto es que ya no están. Y nos hemos vuelto tan ignorantes que ni sabemos cuánta falta nos hacen con los calores agobiantes, con esta fealdad que nos rodea, con esta violencia urbana de todos los días.

Seguramente había otras cosas más importantes de que ocuparse, antes que de ver las deslumbrantes bóvedas corridas que aún existen por ejemplo en la calle Melián, y quedarse un rato paralizado sin poder creerlo.

Hace calor. En las calles no hay sombra, ni pájaros, ni belleza… No hay árboles.

Reciclaje creativo con papel: Ideas de bricolaje

  
 
 
La idea de reciclar es un saludable hábito para el medio ambiente. Y, si a este hábito le imprimes un aire de creatividad, mejor que mejor. Para ello tendrás que aplicar una alta dosis de imaginación, no obstante, a continuación te ofrecemos algunas pautas de reciclaje creativo con papel. Toma nota de las siguientes sugerencias que te presentamos.
Reciclaje con papel: Manualidades
¿Tienes una foto que te gustaría enmarcar? Tienes dos opciones, una comprar un marco o bien crearlo tú misma. Precisamente, aquí nos decantamos por ésta última opción. En esta línea te enseñamos cómo crear un marco de fotos elaborado con papel reciclado de periódicos y revistas realmente original y chic.
Los materiales que vas a necesitar son: papel para reciclar, cola blanca, tijeras, y una hoja de plástico transparente.
Elaboración, paso a paso: en primer lugar, corta tiras de papel de entre 6 y 8 centímetros de longitud. A continuación, enrolla estas tiras sobre sí mismas para formar una especie de pajitas delgadas de diferentes longitudes y pégalas con cola para evitar que se suelten.
Seguidamente, prepara la estructura del marco de fotos con cartón y una lámina de plástico transparente, es decir, el elemento protector de la foto.
Para finalizar esta manualidad de reciclaje creativo con papel puedes decorarlo a tu gusto.
Reciclaje con papel higiénico
¿Dónde guardas habitualmente los bolígrafos? Si no tienes un lugar establecido, no te pierdas la siguiente idea que te presentamos. Se trata de una sugerencia de reciclaje creativo con papel perfecta para concienciar a los niños de la importancia de reciclar y, además, disfrutar de un agradable tiempo de ocio con ellos.
En esta ocasión, crearemos un original portalápices para guardar tus bolis, pinturas, lápices o plumas creado a partir de los rollos de papel higiénico.
Los materiales que necesitarás para esta manualidad son: papel de envolver o papel de periódico para reciclar, cola blanca, una caja, por ejemplo, de zapatos de los niños; rollos acabados de papel higiénico, tijeras y marcadores.
Elaboración: en primer lugar, debes cubrir completamente la caja con papel de colores y fijarlos con pegamento. Coloca en el interior de la caja los rollos de papel higiénico, aplica pegamento entre ellos y, por último, pégalos a la propia caja.
Una vez se hayan secado puedes decorarlos a tu gusto. Ya tienes, entonces, tu portalápices para organizar tu material de oficina.
Fuente:ellahoy.es

jueves, 27 de marzo de 2014

Diseño de minidepartamento moderno, consigue una decoración interior de lujo con poco presupuesto


El diseño del minidepartamento que veremos a continuación nos va a inspirar para poder distribuir de forma eficiente los espacios y darle a los ambientes un aire moderno gracias a dos factores, el color y la retro-iluminación en los detalles constructivos, por lo que se puede conseguir ambientes modernos con poco presupuesto, veamos.

Diseño de interiores del minidepartamento

En esta vista podemos ver con mayor precisión el diseño de la cocina con su pequeña isla comedor, la escalera de peldaños de metal es un elemento fuerte de decoración dentro del departamento.

Se ha colocado un panel retroiluminado sobre la pared donde se ubicó el televisor y  debajo de éste un ligero tabique para colocar adornos.

El minidepartamento tiene vista a la ciudad por lo que la mejor opción era orientar las vistas a ese lugar;  como hemos visto , cuando diseñes es importante buscar las mejores visuales y orientar la casa a esos lugares

Se ha elegido azulejos oscuros en el cuarto de baño que contrastan con los sanitarios blancos

Diseño del cuarto de baño del apartamento pequeño, destaca el diseño de los azulejos en colores blanco y negro

Mesa de noche e iluminación por lámparas colgantes del dormitorio que se ubica en el mezzanine del apartamento

Se ha hecho un creativo trabajo con varillas de madera en la pared de la cabecera de la cama que se asemeja a un tejido

Esta es la vista que tiene el dormitorio que como podemos ver en la foto se llega a través de la escalera que la podemos ver en la parte inferior derecha.

En esta vista podemos ver el minidepartamento en su totalidad, en el primer nivel la sala con la pequeña cocina, en el mezzanine se ubica el dormitorio que tiene como límite un vidrio templado

El paisajismo se renueva: las últimas tendencias

Arte, agricultura y ecología: son los tres ejes en torno a los que giran las nuevas tendencias del paisajismo actual.

En realidad no se trata de nuevas corrientes, diferentes y rupturistas: más bien son elementos del pasado, ya conocidos, que pretenden ser compatibles con otros modos más actuales de entender la jardinería. 

El arquitecto y profesor de arquitectura del paisaje en la Universidad Politécnica de Cataluña, Enric Batle i Durany, explicó todos estos conceptos en las jornadas técnicas que se celebraron en torno a Saver, cuarto Salón de Equipamiento de Jardinería.
La ponencia de Batle i Durany se enmarcó en las Jornadas 'Francisco Domingo' dedicadas a las 'Tendencias en Paisajismo' y organizadas por la Asociación Española de Centros de Jardinería. 

El arquitecto articuló la charla en torno a una serie de líneas de actuación que conforman las tendencias más representativas del jardín moderno:

Autóctono


En los jardines se utilizan muchas especies diferentes. 

El jardín por excelencia es el jardín inglés, que reproduce en el interior de una finca el mismo paisaje autóctono que podríamos encontrar en el exterior, es decir, grandes prados y grupos más o menos densos de árboles, todo ello, autóctono y buscando lo mimético. 

Este tipo de jardín se convirtió en el más extendido por todo el mundo y se reprodujo hasta la saciedad, a pesar de que ciertos climas no fueran los más favorables para este tipo de paisaje. 

El estilo predominante del paisajismo inglés ya está desapareciendo. 

Un ejemplo lo encontramos en la ciudad estadounidense de Phoenix. Enric Batle explicaba que, según la tendencia tradicional, las medianas de las carreteras se podrían cubrir con parterres de césped, pero los encargados de paisajismo de la ciudad optaron por la imagen autóctona de Arizona. 

Los parterres se cubren de gravillas, de donde emergen regularmente algunas plantas autóctonas.

Agrícola


La homogeneidad de las imágenes de los campos dedicados al cultivo es otra de las tendencias de los jardines hoy. 

Según el ponente, "muchos lugares destinados a parques públicos son resueltos por equipos formados por un paisajista, un agricultor y un artista". 

Los paisajes agrícolas tienen la ventaja de que ofrecen bonitas estampas vegetativas dependiendo de la estación en la que nos encontremos.

Un ejemplo de jardín agrícola sería aquella casa mediterránea que cultiva naranjales en sus rincones verdes; o el cortijo andaluz, que cubre sus terrenos de olivos. 

Son claros exponentes de una orientación agrícola en sus planteamientos paisajistas, aunque esto no sólo se consigue con ejemplares propios de la agricultura, también con la estética homogénea, rítmica y uniforme que ofrecen las parcelas de cultivo.

Hortícola


Relacionada con la anterior, pero aquí el valor a reivindicar es la importancia del huerto, que para muchos, incluido Enric Batle, "es el jardín más perfecto". 

El uso de las plantas propias de los huertos no sólo es el objetivo, también se busca la misma ordenación, recurriendo a bancales y surcos, con cierto orden geométrico. 

El Jardín Botánico de Burdeos es un claro ejemplo de jardín de orientación hortícola.

El edificio es un ave Fénix

El mundo está cada vez más globalizado, y, como consecuencia, cada vez más en desacuerdo. Puede que la homogeneización de los escenarios sin la consecuente democratización de las posibilidades esté generando esa discrepancia. O puede que el que haya cada vez más gente con menos que perder termine por provocar algún cambio. El caso es que al tiempo que medio planeta (de Canadá a Catar pasando por las exrepúblicas soviéticas o China) construye la próxima burbuja arquitectónica, el mítico ave Fénix, que renace de sus propias cenizas, se ha convertido en el modelo arquitectónico de la otra mitad. Ha llegado el momento de elegir. Y todo apunta a que entre las ruinas y la escasez están los dos caldos de cultivo más productivos y significativos de la arquitectura actual.
Así lo confirman algunos de los galardones recientes, como el Pritzker de este año a Shigeru Ban y su arquitectura donde “la sostenibilidad no es un concepto sino un hecho, algo intrínseco”, en palabras del jurado. O como el premio ArcVision, que concede la empresa Italcementi a arquitectas destacadas. Este año entre las finalistas estaba la austriaca Anna Heringer (1977), dedicada a construir con materiales y técnicas autóctonos desde que levantó en Rudrapur (Bangladesh) una escuela de barro y bambú, su proyecto de final de carrera. Con un currículo que ya le ha valido numerosos reconocimientos y la ha convertido en profesora honoraria de la Cátedra Unesco de Arquitectura de tierra, es de rigor reconocer que lo de Heringer no es exactamente una tendencia. Como sucede cada vez con más proyectistas, su arquitectura tiene más relación con el usuario que con la rentabilidad y eso inaugura una cultura arquitectónica con pocos precedentes.
Aunque los hay. El Pritzker de hace dos años, otorgado al chino Wang Shu, ya apuntaba a esa misma vía reconociendo el trabajo de arquitectos que construyen literalmente con los restos (materiales y de tradiciones) de lo que se destroza en su país para levantar algunos de sus edificios. El famoso Museo de Historia de Ningbo es un ejemplo de esa arquitectura levantada a partir de desechos.
La tendencia a mostrar el ingenio de lo construido con pocos medios se extiende incluso a las publicaciones. La nueva revista Rita, que dirige el arquitecto Arturo Franco, acaba de ver la luz con la voluntad de “llegar a las universidades con una mochila de montaña cargada a la espalda”. Así, pisando el terreno, juzgando in situ y viajando para encontrar arquitectura ejemplar, en lugar de esperar que esta llegue desde los estudios de los arquitectos, abre su primer número con seis proyectos paraguayos (de José Cubilla, Solano Benítez, Gloria Cabral y Alberto Marinoni, Javier Corvalán o Lukas Fúster) que son “obras para vivirlas”, explica Franco. Y que son, de nuevo, trabajos realizados con pocos medios, escasos materiales y muchas ideas.
Esa arquitectura de la escasez, de recuperación o de resistencia ha tenido, también un eco en nuestro país. Más allá de estudios como H Arquitectes —que han rebajado el coste de sus trabajos eliminando acabados y fueron premiados por Arquia Próxima, la selección que realiza la Caja de Arquitectos— o más acá del precedente de Enric Miralles y Benedetta Tabliabue —que dejaron sin remozar ni pintar los muros exteriores de su Casa en La Clota con la que consiguieron un Premio Fad—, nuevos galardones han apostado por esa lógica de futuro. Los premios Ascer —que concede la Asociación de fabricantes de azulejos y pavimentos cerámicos— han reconocido de un lado un zurcido urbano que suma piezas cerámicas para construir la a veces tapia a veces celosía que delimita un parque en Sant Feliu de Llobregat. De otro, un trabajo realizado a partir de las ruinas de una vivienda en el pueblo extremeño de Cilleros.
Esa casa, firmada por Arquitectura G, toma decisiones arquitectónicas como plantar un abedul (que dará sombra en verano y dejará pasar el sol en invierno) en medio de un patio que, a su vez, llevará luz y ventilación a lo que fuera una introvertida casa de piedra entre medianeras. La convivencia del antiguo y grueso tapial con la delgadez de los nuevos forjados habla de retos solucionados, de aprovechamiento de materiales, de atención al lugar. Pero, como toda esta arquitectura hecha con retales y ambición, también delata un inusitado respeto por los clientes. La obra trata a un inversor de 66.000 euros como al mejor promotor: una persona ilusionada con tener una casa. Así, todo ese engranaje de soluciones y situaciones dibuja una nueva arquitectura poco novedosa, pero apunta a un renacimiento de la disciplina, como el ave fénix, a partir de sus propias ruinas.