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lunes, 18 de noviembre de 2013

Como decorar el cuarto de un adolescente sin perder la cabeza


Como decorar el cuarto de un adolescente sin perder la cabeza

El decorar un cuarto o habitación de un adolescente puede ser un reto. Todos sabemos que los adolescentes tienen sus propias ideas de que esta a la moda y que no. Algunas ideas pueden ser acertadas, pero otras tal vez las odies. Fácilmente el decorar una habitación de un adolescente se puede convertir en una batalla sobre estilos, ideas y decoraciones. ¿Como puedes balancear tus gustos y expectativas con las de tu hijo o hija? Sigue estos consejos para lograr que tanto tu, como tu hijo estén contentos con el resultado.
Comparte ideas
Antes de empezar a decorar, habla con tu adolescente y comparte ideas para decorar su habitación. Si tu hijo o hija no esta muy interesado en redecorar, dale un vistazo a su cuarto y descubre sus cosas favoritas. ¿Hay un deporte que le gusta, una banda o una película? Ofrece a decorar su habitación con un tema favorito, y tu adolescente seguramente se abrirá y dará sus opiniones. Discute que colores, estilo, muebles y decoraciones podrían funcionar, aparte de que cosas pueden usar que ya están en la habitación. Aprovecha este tiempo para hablar de que funciones el o ella necesita que cumpla su habitación. ¿Lo usa para estudiar, como un lugar privado o para estar con amigos?
Incluye a tu adolescente
El incluir a tu adolescente es probablemente la parte mas importante. Su habitación es su mundo, y si tu tomas todas las decisiones de decoración, seguramente el no estará muy contento con el resultado. Ve de compras con tu hijo o hija a tiendas de muebles y decoración para que los dos se inspiren. Cuando sea tiempo de decidir que decoraciones y muebles usar,toma en cuenta los gustos de tu adolescente. Inlcuyelo también cuando sea tiempo de pintar, acomodar muebles y organizar la habitación.
Busca nuevas maneras de presentar ideas
Si hay estilos o ideas que tu adolescente quiere usar pero que no te convencen demasiado, busca nuevas maneras de presentarlas. Por ejemplo, si a tu hijo le gusta el rock, puedes usar posters vintage en marcos para decorar, o instrumentos colgados en la pared para darle interés a la habitación. Trata de balancear tus gustos con los de tu hijo o hija. Abrete a nuevas ideas. Un color oscuro para la pared tal vez no sea su opción favorita, pero se puede ver bien en el tono ideal y con la iluminación adecuada.

Decide que batallas dejar ir
A pesar de que aveces puede ser difícil, trata de no discutir por cosas de poca importancia. La elección de una lampara no es tan importante como que formas de organización necesitara la habitación, especialmente si tu hijo no es muy ordenado. Recuerda que la habitación de tu adolescente es su lugar especial de tu casa, así que trata de mantener sus gustos en prioridad.
Dale prioridad a sus necesidades
Piensa en que funciones necesita cumplir la habitación de tu adolescente. ¿Es el lugar principal para estudiar, juntarse con amigos, practicar un instrumento o relajarse? Esto te dará pistas de que muebles y elementos necesitara la habitación. Incluye sillas y sofás si este es el lugar primordial donde juntarse con amigos. Si tu hijo o hija necesita estudiar varias horas del día, asegurate que tenga un buen escritorio e iluminación para poder leer en la noche. También piensa en la organización. Los adolescentes son conocidos por su falta de orden, por lo que necesitaras hacerle mas fácil esta tarea. Ten canastas donde poner cosas pequeñas, pon cajones debajo de la cama para almacenamiento extra y sistemas de organización en el closet.

Escritoriosjuveniles para todos los gustos

 

 


Juego de espejos entre las ciudades de Barcelona, Chicago y Nueva York

La historiadora Isabel Segura desvela en un libro las influencias arquitectónicas entre las tres capitales desde 1888



La Infanta Eulalia de Borbón está frita. La regente María Cristina se lo ha ordenado de manera taxativa: “Tienes que ir”. Y, encima, tenía que pasar primero por la revoltosa Cuba, la primera vez que un miembro de la Corona Española pisaba la colonia. En cualquier caso, ahí está en la Exposición Colombina de 1893 en Chicago, esa monstruosa ciudad que desde 1880 tenía ya más de millón y medio de habitantes (Barcelona rondaba los 410.000), con edificios inmensos de más de 20 pisos y que impresionan a la Infanta “de manera enojosa”.
Quizá el que más la disgustara fuera el Home Insurance Building, diseñado por William Le Baron Jenney, de 11 plantas. No tardaría en ver uno muy parecido en su casa: la apertura de la Via Laietana para conectar el nuevo Eixample barcelonés con el mar se haría de arriba a abajo con el Chicago style: el nuevo centro financiero de la Gran Barcelona adoptaría esa filosofía arquitectónica hasta casi la clonación, como acabarían demostrando los edificios erigidos en el número 8 y, algo menos, en el 17, éste el primero de la ciudad sólo de oficinas (1918). “No se trata de una copia, es un juego de espejos, se ve cómo viajan las imágenes y las maneras de hacer”, apunta la historiadora Isabel Segura, que ha detectado ese diálogo entre Barcelona, Chicago y, claro, Nueva York, desde la Exposición Universal de 1888 en la capital catalana hasta 1990, cuando ésta recibió el premio Príncipe de Gales de Diseño Urbano otorgado por la escuela de diseño de Harvard.
La apertura de la Via Laietana se hizo de arriba a abajo con el ‘Chicago style’
El azar no existe, como mínimo en arquitectura, parece desprenderse del estudio de Segura Barcelona, Chicago, Nueva York que, minuciosamente ilustrado, ha editado el consistorio catalán. Observadora, la autora se fija que en el pabellón de EEUU de 2.054 metros cuadrados que EEUU tiene en la Exposición de 1888 y donde sobresalen una reproducción a escala de la Estatua de la Libertad y una inmensa fotografía del puente de Brooklyn: Nueva York vende ya una iconografía que reaparecerá machaconamente en el imaginario de los barceloneses. La exposición había costado mucho (5.776.000 pesetas, una huelga un año antes de los explotadísimos 4.500 obreros, las dudas clásicas del Instituto del Fomento, que no se subió al carro hasta el mismísimo 1887…) pero si dejó algo fue el estímulo de renovación arquitectónica de una ciudad que entre 1890 y 1900 crecía al vertiginoso ritmo de 186 inmuebles nuevos cada año.
“Monstruosos y elevados edificios particulares se cuentan. Los hay muchos de 14 hasta 20 pisos de elevación (…) el aspecto de esas moles de ladrillo y piedra está reñido abiertamente con la estética y el buen gusto”, declaran, en línea con la infanta, los representantes de la comisión obrera catalana que se desplazó a la exposición de Chicago, la primera ciudad que crecía en vertical y en la que entraban cada día 1.360 trenes. En el paraíso de los nuevos mastodontes de cemento llamaba la atención el pabellón español en la feria, obra del valenciano formado en Cataluña Rafael de Guastavino: el padre de la Boston Public Library (1895, la biblioteca pública más grande del mundo), de la piscina del hoy mítico MIT o de las dos grandes estaciones de Nueva York, Pennsylvania Station (hoy desaparecida) y la cinematográfica Grand Central Station (de 1913, con su técnica de la bóveda catalana de mosaico) reprodujo a escala la Llotja de Valencia. Guastavino era, según diría The New York Times en su necrológica, uno de los grandes arquitectos de una Nueva York que en 1898, un año después de Barcelona, se había anexionado sus barrios y que acabaría dialogando también con la ciudad condal. Y mucho más desde los años 20, cuando la gran manzana sería el paradigma de la metrópolis moderna.
Edificio de Mies Van der Rohe en Chicago, el Lake Shore Drive Apartments.
Pero en el principio el espejo fue Chicago. Servicios agrupados en cada piso, embaldosados de los suelos antes de tabicar para facilitar la creación de espacios y el servicio común de calefacción central, teléfonos y ascensores eran las características de esos volúmenes inmensos que se aplicarían al lenguaje arquitectónico de la nueva Barcelona que, desde 1908, decidió la apertura de la Vía Laietana. El honor del edificio más alto para despachos en esa calle sería para la Casa Cambó, del arquitecto chicanizadoAdolf Florensa, en 1923. Había de y para todo: locales comerciales, tiendas, escritorios y despachos, excepto en las séptima y octava plantas, reservadas para el propietario. La construcción traducía dos movimientos sociológicos notables: el desplazamiento de las clases hegemónicas barcelonesas del Eixample a la Vía Laietana y su mudanza en altura: de ocupar los principales a vivir en los pisos más altos y en los áticos de los nuevos edificios.
Edificio construido en la plaza Cerdà para la Seat por Ortiz-Echagüe.
El juego entre las tres ciudades hermanas que no son capitales de estado pero crecen y desean distinguirse como polo de atracción moderno durará casi un siglo. Si lo hace es gracias a una exposición, en 1953, en La Virreina: Arquitectura moderna norteamericana, la primera de esas características en Barcelona y que con la muestra de casi un centenar de obras (casas unifamiliares, escuelas, hoteles…) simboliza el triunfo del American way of life en la asténica España franquista. Entre las obras estará una de seminal: el bloque de oficinas (27 pisos) del Lake Shore Drive Apartments, en Chicago. Es del ya conocido en Barcelona Mies Van der Rohe, padre junto a Frank Lloyd Wright de la arquitectura moderna de EEUU, y rutilante estrella desde su pabellón en la Exposición Internacional de 1929 que acogió Montjuïc. Aquel rascacielos volvería a lucir en 1955 en la exposición El arte moderno en los EEUU, promovida por el MOMA y que cobijaba esta vez el remodelado Palacio de Arte Moderno, en la sede del antiguo parlamento republicano catalán y antes más antiguo arsenal de la Ciutadella.
El estallido de acero y vidrio que significaron ambas exposiciones había de calar en el imaginario de los arquitectos catalanes, cuya capital crecía entre 1950 y 1955 en 200.000 personas. El primer edificio de aluminio y cristal de España será pues el de los comedores de la SEAT en Barcelona, construidos en 1956 y premiados con el American Institute of Architects, los mismos que habían organizado la muestra de 1953. Los artífices de la proeza son los arquitectos César Ortiz-Echagüe (hijo de presidente de la firma automovilística), Manuel Barbero Rebollo y Rafael de la Joya. Tiempo les faltará para ir a recoger el premio a EEUU y visitar allí al mismísimo Van der Rohe, que había sido miembro del jurado. Aprovecharon el viaje para contemplar in situ lo que hasta entonces sólo habían visto en exposiciones y páginas de revistas: el famoso Lake Shore Drive Apartments, fuente de inspiración clarísima del edificio expositor y la torre de oficinas para la SEAT que el propio Ortiz-Echagüe elevará en la plaza Cerdá de Barcelona a partir de 1958.
Barcelona acogió en 1953 y 1955 dos muestras sobre arquitectura en EEUU
Era el resultado lógico de unasconversaciones entre las dos ciudades de EEUU y Barcelona, que 67 años después había vuelto a ver reproducidas la Estatua de la Libertad y el puente de Brooklin descubiertos en 1888 pero ahora en la Feria de Muestras de 1955 (donde estaba la silla Eames, con la que el equipo de Ortiz-Echague decoró un año después el ala del comedor de los ingenieros de la SEAT). Había ida y vuelta: el mismísimo MOMA cobijaba en 1957, con la asesoría del arquitecto catalán y responsable de la Escuela de Arquitectura de Harvard, Josep Lluís Sert, una exposición sobre Gaudí. El genio de La Pedrera ya había estado en Nueva York: lo hizo a través de su hotel Attraction, encargo de 1908 de un grupo de empresarios norteamericanos para que diseñara un hotel en Manhattan y que sólo los largos plazos exigidos por el catalán (de dos a tres años sólo para el proyecto) y el coste brutal que hubiera comportado (el edificio iba a ser de 360 metros, espeluznante e inédito para la época) hicieron que los empresarios desistieran.
Las famosas tres R (remodelar, rediseñar y reorganizar) que se planteó el primer ayuntamiento democrático marcan la última charla de las tres ciudades. Las actuaciones entre 1981 y 1987 llevadas a cabo en Barcelona (en general, de pequeña escala para dotar de equipamientos y aprovechando los espacios liberados por antiguas fábricas o canteras…) motivaron que en 1990 la Escuela de Diseño de Harvard le concediera su reconocimiento internacional más preciado. “No se premió un gran plan general metropolitano tradicional sino proyectos urbanos específicos, fruto del consenso estético e ideológico de los arquitectos municipales con los movimientos vecinales; no se reconoció un modelo de ciudad sino una metodología; hoy eso es ya impensable”, se lamenta Segura. Barcelona empezó mirando a Chicago y Nueva York y acabó siendo mirada por ellas. Como mínimo y en lo arquitectónico, hasta hace 20 años.

Arquitectos defienden un uso «adecuado y sostenible» para los edificios rehabilitados

Los arquitectos proponen definir previamente el uso y la función que se quiere dar a un edificio antes de llevar a cabo su rehabilitación, ya que creen que el nuevo cometido ha de ser «adecuado y sostenible», dado que la vida de un edificio es «mucho más largo que un ciclo electoral». Ésta es una de las conclusiones surgidas tras las Jornadas de Intervención en el Patrimonio, organizadas por el COAR.
«La falta de confianza de la sociedad actual, como consecuencia de la crisis económica, está llevando a tratar de mantenerlo todo», explicaban en una nota de prensa. Sin embargo, los arquitectos sostienen que se deben afrontar con valentía «qué es lo verdaderamente necesario y qué no lo es», ya que «ni todo lo viejo es patrimonio digno de conservar, ni todo lo nuevo es prescindible por el hecho de serlo».
También creen que «es necesario conocer la opinión de los ciudadanos y las necesidades que tienen, pero el proyecto lo han de llevar a cabo los profesionales» y recalcan que «convocar a los vecinos para que se hagan cargo del diseño de una plaza es populismo barato y una irresponsabilidad».
Por otro lado, sostienen que «el turismo de masas está transformando, y en muchos casos destrozando», el patrimonio, que se ha convertido en cascos históricos «embalsamados» donde ya no vive nadie, pero «la arquitectura sin vida no tiene sentido».
Según los participante en estas jornadas, «la intervención en un edificio es inseparable del conocimiento y se necesita más tiempo para pensar». Así, apuestan por cambiar su forma de trabajar y exigir «más tiempo para pensar y redactar el proyecto y emplear menos en llevar a cabo la obra».
Además, proponen «pensar en el nuevo edificio desde el vacío, que es el espacio de los ciudadanos y, también, lo que diferencia a una ciudad de otra en un momento de globalización en el que la arquitectura se exporta y es casi la misma en cualquier lugar del mundo».

La Biblioteca árabo-suramericana, la última firma de Niemeyer en Argelia


Oscar Niemeyer en los años 1950. Foto Wikimedia Commons

ARGEL. La Biblioteca árabo-suramericana de Argel, que aspira a convertirse en uno de los hitos arquitectónicos de la Argel contemporánea y en un ágora abierta que dé cobijo a ambas culturas, será la última firma que dejará en Argelia el ya fallecido arquitecto brasileño Oscar Niemeyer.

"Niemeyer tenía 101 años cuando hizo los primeros croquis, los primeros dibujos" del proyecto, aseguró a Efe el arquitecto jefe del estudio del brasileño, Jair Valera, que se encuentra en Argel para dar un impulso a esta iniciativa, nacida en la primera cumbre árabo-suramericana celebrada en Brasilia en 2005.
Se trata de un ambicioso proyecto valorado en alrededor de 80 millones de euros (106 millones de dólares), que ocupará una superficie de más de 50.000 metros cuadrados,
Con un marcado acento brasileño, alega que Niemeyer intentó hacer algo diferente a los edificios proyectados en Argelia coincidiendo con su exilio europeo de los años 60 y 70, como la Universidad Houari Bumedian, cercana al aeropuerto de Argel, la Universidad de Constantin (en el este del país) o la cúpula del Estadio Olímpico.

"Han pasado muchos años y también el proyecto es totalmente diferente", indicó Varela. No obstante, reconoció que la Biblioteca, que contará con una cúpula de 60 metros de diámetro, "tiene la forma de casi todos los trabajos de Niemeyer, que parecen una firma suya".

Uno de los elementos clave del conjunto, confiesa Valera, es una "gran losa que cubre toda la parte de la convivencia, donde hay proyectados bares y restaurantes".

Esta losa es, precisamente, la esencia del conjunto arquitectónico, en el que "Niemeyer quiso hacer grandes espacios generosos de convivencia para cumplir con la idea inicial de integración".

"Son dos culturas (la árabe y la suramericana) totalmente diferentes, y esa interacción es muy interesante", agregó el también arquitecto brasileño que trabajó más de 40 años con Niemeyer y que ya vivió en Argel en 1975, donde participó en la construcción de la Universidad Houari Bumedian.

Del proyecto, Varela también quiso destacar su armonía y su adaptación al terreno "con pocas elevaciones, casi plano".

"Niemeyer tenía una capacidad excepcional para hacer la implantación de las obras (...) siempre muy sencillo, un edifico solo aprovechando el espacio y adaptándose muy bien al sitio", dijo Valera.

Su realización, supervisada por la Agencia Nacional argelina de Gestión y Realización de Grandes Proyectos de la Cultura, que tiene proyectados otros grandes edificios como la Ópera o la Gran Mezquita de Argel, aún se demorará, al menos, unos cinco años.
Valera también quiso subrayar que para Niemeyer "fue un honor ser invitado después de tanto tiempo después de haber trabajado en este país. Tenía a Argelia como una parte importante de su vida".

"Fue un gran honor para él con cien años y estaba muy entusiasmado. Hablaba mucho de este proyecto. Le hubiera gustado verlo realizado, era muy importante para él esa obra y pienso que va a ser un gran homenaje a él, un homenaje merecido", concluyó.
Un centro cultural en las Islas Azores, un centro musical en la ciudad argentina de Rosario o la sede de una fábrica en Ulm, Alemania son algunos de los proyectos del desaparecido arquitecto que el despacho también mantiene en marcha.
No obstante, Valera confiesa que, en estos momentos, la Biblioteca árabo-suramericana, en la que trabaja con un grupo de arquitectos españoles con quienes ya colaboró en la construcción del Centro cultural Niemeyer de Avilés (España), "es lo más importante".